Diego Medrano


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Diario del artista echado a perder
Páginas de Espuma Editorial

Diario del ArtistaPosa Diego Medrano acuclillado, a título de portada, en una foto que le firma Chuli El Gitano, y detrás de la cual, a duras penas, puede leerse: “Quiero amar indefinidamente y odiar hasta que triunfe”. Llega este libro a la editorial invadido de cercos de café, manchas de sangre o vino tinto, folios rotos, arañas y cucarachas aplastadas contra ciertos textos, dibujos infantiloides en los márgenes, lo que parecen uñas al cortarse o Dios sabe qué. El texto inaugura, de forma privilegiada, lo que su autor concibe como “mis escrituras íntimas”; la incursión de Medrano en el diarismo, de nuevo en un juego que conoce bien: la narración de su propia vida en sintonía con la de los grandes malditos de la historia. El estudio de ángeles caídos (Max Jacob, Verlaine, Vigny, Breton, Reverdy, Èluard, Cocteau, Foujita etc) en relación con la de su propio autor (pensioncitas de la gloria donde se pregunta a la dueña si se podría tomar un café, a lo que esta responde que sí, siempre que usted se vista; tiendas de lavadora donde el autor se relaja estudiando a los burgueses comprar electrodomésticos o tantísimos otras brutalidades, generalmente autodestructivas, que nada tienen que ver con la creación artística y sí con su fatal resistencia. En una de las presentaciones de este libro, además de citar a Gauguin constantemente (“He querido instaurar el derecho de atreverme a todo; “Siendo la vida como es uno sólo sueña con vengarse”), no deja repetir con voz ausente a una anciana que hay entre el público: “¿Es usted la viuda de Diego Medrano? Pues si es así tire de la cadena, hostia”.

 

 

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